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La historia de LOS CHINOS que le dieron nombre al famoso agromercado holguinero

1 de febrero de 2016

Osvaldo Aguilera González



Lloviznó insistentemente el día que visité a Osvaldo Aguilera y González en su casa, que hasta ese momento no sabía dónde quedaba. Alguien me orientó, más o menos. Caminé envuelto en una capa para el agua, a ciegas, temeroso de que no quisiera aceptar mi invitación al programa. Ya me habían dicho que el locutor de voz hermosa dedica su vida a asistir a un templo donde se reúne con otros espiritistas locales. Por la radio nada más se le ve cuando hay  momentos muy importantes. 

No fui su alumno y en eso envidio a mi colega Sánchez Grass, que consiguió con él una cercanía como me habría gustado. Jamás me llamé a mi mismo locutor cuando Osvaldo estaba cerca, el locutor es él, con una voz tan viril que le brota de los testículos, parece. Su dicción es tan perfecta como mismo su pelo pulcramente peinado. Una de sus manos es más pequeña que la otra y en los ojos le baila una sonrisa a la que le temo más que a la ira de un juez. Pero nunca juzga, (nunca me juzgó), como hacen otros locutores de estirpe menos alta que la de este Maestro indiscutido. Y es esa la causa de mi miedo: no saber cómo me evalúa, aunque una vez entró en una cabina de grabación de la radio donde yo estaba trabajando y después de un minuto oyendo me dijo que tenía buen ritmo. (Tener buen ritmo no lo es todo para ser locutor, pero me puse su piropo en el pecho como la medalla ganada por el soldado en el fragor de la batalla).

Una anécdota de Osvaldo que no he confirmado, es un mito en la radio. Confirmarla era mi propósito si iba a la televisión. Se dice que ocurrió durante una emisión del programa Apartado Popular, que es donde se promocionan los productos que venden los mercados. La locutora acompañante era María Hortensia Ruisánchez. Lo que se cuenta asegura que esa vez ocurrió así:

OSVALDO: ¿Qué oferta esta mañana el Mercado Paralelo de la Calle Garayalde?

MARIA HORTENCIA: (DESPUES DE VARIOS PRODUCTOS ANUNCIADOS) En los cárnicos tenemos etc, etc, etc y Mortadella…

OSVALDO: (INTERRUMPE) Usted querrá decir Mortadel-la.

MARIA HORTENCIA: ¿Así que se dice Mortadel-la, eh maestro?

OSVALDO: DA UNA LARGA EXPLICACION SOBRE EL ORIGEN DE LA PALABRA, INCLUSO HABLA DEL LATIN Y SUS DERIVACIONES Y DE LA PRONUNCIACION DE LA DOBLE L.

MARIA HORTENCIA: Todos los días una aprende algo nuevo, gracias por la lección. Ahora sigo con la oferta del Mercado Paralelo: en los lácteos tenemos yogurt, helados, leche y… (HACE UNA PAUSA Y EN SU VOZ SE ASIENTA EL DUENDE DE LA PICARDÍA) Por favor maestro, ayúdeme: ¿Cómo se dice mantequilla o matequil-la?

Si Osvaldo acepta ir a mi programa voy a tener cojones de preguntarle si es verdad la anécdota, me juraba debajo de la llovizna molesta, cuando su voz me llama. Dijo él que un buen espíritu le avisó que iba a buscarle. Lo cierto es que todas las casas estaban cerradas por el frío y la humedad, también la de él. Pero justamente cuando pasé por allí, salió Osvaldo al balcón y supo que el bulto envuelto en el nylon verde de la capa de agua era yo. 

Mi saludo fue invitarlo al programa. Dijo que sí sin tener que pensarlo. Lo sentí solitario, deseoso de conversar. Me habló de un curso de locución que quiere impartir, pero ningún funcionario se interesa. Le dije que si le falta alumnos, que me tome por tal. Me dijo que a estas alturas no tiene gracia, que su curso es para niños. Nada le dije de la anécdota maldita… mejor lo tomo por sorpresa, me propuse.

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Osvaldo Aguilera González nació en Banes, Holguín, de padre carpintero y madre ama de casa. 

CESAR: ¿Tan desesperado estaba usted por tener un radio, Osvaldo?¿Cómo tuvo el primero?

OSVALDO: Tener un radio era tener el mundo adentro de la casa, pero el mundo costaba una fortuna: 10 pesos. Un día me enteré que unos vecinos vendían su radio y hablé con el viejo. El me miró con unos ojos que denotaban más embullo que el mío. No sé cómo pudo reunir tanto dinero, pero al día siguiente me puso diez pesos de a uno, uno encima del otro y yo salí corriendo, muerto de miedo de que ya lo hubieran vendido. Pero no, ninguno de los vecinos podía darse aquel lujo. Lo compré. Era una caja cuadrada y misteriosa por la que hablaban las voces más lindas del mundo. Papá, que era carpintero,  hizo una mesita esquinera y la puso en lo alto. Debajo mi vieja tenía su máquina de coser. Esos son los sonidos de mi niñez: el ruido de mi madre cosiendo y del radio: las voces, los sonidos, la música.

CESAR: Me habla de las emisoras de radio que entonces oía, quizás de los programas, si los recuerda. 

OSVALDO: REMEMORA LO QUE RECUERDA.

CESAR: Y oía, seguro, a la Cadena Oriental de Radio. 

SONIDO: SE OYEN VIEJAS PROPAGANDAS DE LA RADIO.

CESAR: ¿Qué hizo que usted comenzara a soñar con hablar como aquellas voces que oía por la radio? Por cierto, voces muy distantes del Banes donde vivía.

OSVALDO: Copiaba lo que hablaban los narradores y después lo repetía, tratando de parecerme a ellos.
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CESAR: ¿Cómo es que el hijo de carpinteros se decide a estudiar dirección teatral en Santiago?

OSVALDO: Yo era quien presentaba a las compañías de teatro que iban a Banes: ¿te fijas que lo que quería era ser locutor?

HABLA DE SU PRIMERA ENTRADA A UNA EMISORA DE RADIO EN SANTIAGO. DE CÓMO REGRESA A BANES. FUNDA UNA RED DE ALTOPARLANTES EN TODA LA CALLE PRINCIPAL DEL PUEBLO Y MAS TARDE FUNDA LA PRIMERA EMISORA QUE HUBO EN AQUEL LUGAR AL CAMBIAR UN REFREGIREADOR POR UN TRANSMISOR.

CESAR: Qué o quién es responsable de que usted viniera a Holguín, a trabajar en Radio Angulo.

OSVALDO: Fue el célebre Sergio Antonio González Valero. Todavía recuerdo el olor de la cabina. Olía a aire, a distancias. Esa fue una de mi más grande felicidad.

CESAR: Después usted hizo lo mismo que Valero: trajo a otro gran locutor: Rafael Peña Santana, que era entonces un joven de voz hermosa allá en Puerto Padre.

OVALDO: Decían que Santana podía ser mi competencia, el que me desplazara, pero nunca ocurrió. Convivimos.

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DESDE LA CABINA DE RADIO ANGULO, ENTREVISTA CON ENMA GARCIA, LOCUTORA Y COMPAÑERA DE TRABAJO.

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CESAR: Todavía tiene la voz hermosa, firme, vibrante: y sin embargo, para sorpresa de oyentes y colegas, decidió jubilarse. ¿por qué?

OSVALDO: Un repentino infarto me tomó desprevenido. Yo creía que me iba a morir al día siguiente. 

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En ese segundo que va del final del programa a que los camarógrafos y el coordinador se acerquen, Osvaldo me dijo lo más lindo del mundo: “te has convertido en el locutor más íntimo de la radio”… Y luego repitió la palabra Radio tres o cuatro veces. “En la televisión no sé cómo te irá. Es que las luces son tan fuertes que uno no oye”. Quise agradecerle pero entonces la productora ya se lo llevaba. 

No le dije nada de la mantequilla, ni falta que hace porque lo mejor de las leyendas es que nadie las puede probar. 

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EL TEXTO QUE SIGUE ES UN FRAGMENTO DE LA CRONICA QUE MERECE EL MAESTRO ESCRITA POR SU ALUMNO JORGE LUIS SANCHEZ GRASS:

OSVALDO AGUILERA GONZALEZ, LA PRIMERA VOZ…

La CMKO ha tenido durante años un lujo que es hoy su propio descalabro. Grandes voces de la locución en plenitud de facultades que han alcanzado la longevidad y el retiro sin dejar relevo que medianamente se les parezca. Por eso durante décadas habrá que recordar la personalidad y el estilo de Enma García, la sobriedad de Néstor Salazar, el insuperable modo de animar de González Valero, la manera de narrar de Rafael Peña Santana, la versatilidad de Joaquín Mulén Ojeda, la frescura para colarse en el hogar de Alicia González Diéguez y la eterna manera de presentar la planta de Osvaldo Aguilera González. Otros nombres engrosarán la lista pero aún no tienen páginas en la historia. (...)

Hace unos 30 años, cuando no me sabía dueño de las facultades que te definen como gente que vive de y para la voz, me centraba en los mejores ejercicios de dicción que jamás hizo nadie. Escogía yo cada tarde los mejores destornilladores del pañol de mí padre, seleccionados por sus tamaños y colores, y los colocaba en su tablón de martillar, encajados por sus propios filos. De manera que quedaban dispuestos con el estilo de una tribuna, a la usanza de las utilizadas por los líderes de la Revolución Cubana en sus discursos kilométricos. Ante estos destornilladores y subido en un banco pronunciaba yo mis propias parrafadas, que pasaban entre la improvisación y la lectura de las versiones taquigráficas que salían cada semana en el diario Granma. Nunca me paré por falta de discursos, siempre teníamos efemérides joyantes y sentidas. El jardín de nuestros héroes era y es inmenso. (...)

Mi maestro no es otro, que Osvaldo Silvio Aguilera González, una de las personas más nobles que ojos humanos hayan visto.Mis clases fueron muy particulares, No porque abonara yo tarifas por curso alguno, como se estila ahora en los talleres de los que salen cientos de graduados y ningún locutor después de pagar la matrícula y cada mes de asistencia. Mis clases fueron muy particulares porque se extendieron por más de dos años. Era como un tipo de licenciatura en la que debías aprender anatomía, fisiología e higiene del hombre, porque un buen locutor debe dominar al máximo los órganos de la fonación y las partes del cuerpo humano que intervienen en la emisión del sonido. Se precisaba en aquellas sesiones saber de tonemas, ritmos, estilos, lingüística, cultura general, geografía, definir los estilos y escuchar a los grandes en medio de una sed de monitoreo inmenso. Escuchábamos con pilas casi todas las emisoras. Las clases transcurrían en el portal de Mariana de la Torre 92 altos. Casi siempre con la complicidad de las estrellas e inmersos en un exquisito apagón que nos hacía compañía. Por entonces soñábamos con una máquina de escribir, una grabadora de cintas y algún micrófono de mediana calidad adjunto a una consola pequeña. Los sueños hoy por inalcanzables han ido variando. Mi maestro nunca dispuso de este equipamiento elemental para hacer lo suyo. Nunca hubo sensibilidad ni posibilidad para ayudarlo. Los máximos interesados nunca han estado interesados en este tipo de carencias primarias de este tipo de profesionales.Más que un curso fue siempre un intercambio. Desembarcaba yo con mis reflexiones de mis últimas lecturas, las cuales eran asumidas como un ejercicio de improvisación. Sólo lecturas. Vencidos por las necesidades, en casa dejamos de tener Televisión en Colores, hubo que ceder el último trofeo obtenido por mí padre el Vanguardia. Gestamos juntos un segmento de comentarios y críticas que llegó a ser muy escuchado en el oriente de Cuba. Todavía hoy me sale gente en el Facebook pidiéndome amistad que me revelan que eran oyentes de estos comentarios que estuvieron al aire casi una década contra viento y marea. Cada lunes estábamos en los tribunales de la mediocridad. Las columnas se presentaban en vivo los domingos con una inmediatez impresionante y una valentía sedimentada en algo que me enseñó Manuel Angulo Farrán sin proponérselo: ¨La elocuencia tiene que estar comprometida con la verdad¨ , esta ha sido siempre mi interpretación de su : ¨Diciendo con valor lo que otros callan por temor¨.