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9 de enero de 2011

Regino Botti y Gibara


Por José Abreu Cardet
jabreu040751@argentina.com
En la bruma: Silla de Gibara, nombrada así por su forma de silla de montar/Foto: Juan Miguel Cruz
En 1900, el gobierno interventor de los Estados Unidos, en Cuba, promovió el envió de un grupo de maestros cubanos ha participar en un curso de verano en la Universidad de Harvard. Entre los 1337 maestros seleccionados se encontraba el joven de 22 años, Regino E. Botti. Desde su natal Guantánamo, el que sería uno de los poetas más importantes del siglo XX cubano, se dirigió vía marítima hacia los Estados Unidos. Embarcó en la bahía de Guantánamo en el buque Pherson. Este buque hizo escala en Baracoa y Gibara para recoger los maestros de esos lugares. Botti sensible tanto al paisaje humano como al geográfico escribió sobre aquel viaje y luego publico estos relatos en el periódico guantanamero El Managui. Varios ejemplares del  ya desparecido periódico fueron cuidadosamente conservados por la hija del poeta, Florentina. Recientemente el nieto del ilustre bardo, el doctor Regino G Rodríguez Botti, seleccionó aquellos valiosos testimonios y los publicó bajo el titulo de “Harvardianas y otros saltos al norte”, en la Editorial el Mar y la Montaña, Guantánamo, 2006. Escogimos el testimonio del poeta sobre Gibara donde el buque que lo conducía a los Estados Unidos hizo una escala y los ofrecemos al lector.     

Regino E. Botti
Baracoa tiene el Yunque, y Gibara, La Silla; obras de la Naturaleza hermanas gemelas, evocadoras- sin explicárselo uno- de la libertad, de nuestra tierra, de sus sufrimientos, de nuestro lábaro, hecho para que ondee gallardo en los sitios mas eminentes del suelo cubano.
Gibara no tiene el golpe de vista, el relumbrón de Baracoa; pero, si no es tan pintoresca, es mas población, mas limpia, mas moderna, mas suntuosa. Baracoa es mambisa gibara española; en aquella se ven muchos sombreros de yarey, en ésta boinas; Baracoa suspira por la libertad cubana, Gibara llora sus cadenas perdidas; aquella es Cuba esta es Covadonga con mas sangre española que la original, que la autentica.
Y ahora me acuerdo del botero: gibareño él, sabio él y guacamayo él, que al darme el vuelto de un dinero me dice: tome, tanto y tanto, estos cuatro centavos americanos aquí son cinco, un medio. Lo medí con una mirada como llamándole necio y luego le dije que cuarto centavos no podían ser cinco ni en la china, porque nadie se deja tomar ya por un nativo de ella. El hombre, viendo que su salida no me había chocado me replico: si, señor, esos cuatro centavos son cuatro aquí también pero no tengo mas dinero que este, y me mostró un duro con el busto anémico y raquítico Alfonso XIII, rey de España y…de Gibara. ¡Allí circula aun la moneda española!. Le tire los cuatro centavos y me fui. Los boteros me miraron mientras yo al alejarme me extrañaba in mentis de encontrar a España a tan corta distancia de Guantánamo.
El sol se había puesto, las luces de la población cintilaban allá en las sombras, las del Pherson rielaban en las aguas marinas. Se recogió el ancora trepido el cetáceo férreo, hecho una columna de humo negro mas que la noche; resoplaron las fauces de acero vomitando vapor, fuerza, empuje, actividad, vida, movimiento, y la hélice iba dejando una inmensa estela como los adioses de todo oriente a su patria, al par que la proa hendía, hendía sin cesar, la masa del agua…..(1)

FUENTES

1- Regino E. Botti, Harvardianas y otros saltos al norte, Editorial el Mar y la Montaña, Guantánamo, 2006, Pagina 30.