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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

17 de noviembre de 2014

El marqués de Guisa, primer Teniente a Gobernador que tuvo Holguín.


Con datos tomados del libro: El Marquesado de Guisa de los historiadores Orlando Guevara Díaz y Aldo Daniel Naranjo Tamayo.

El padre del marqués de Guisa fue el fundador de la ciudad de Holguín y el marqués: el primer Teniente Gobernador.

Alcalde de Bayamo, como era, el padre del marqués, don Bartolomé Luis de Silva, en una de sus visitas de ordenanza a la silenciosa zona norte de la jurisdicción bayamesa (Holguín), convenció a los vecinos de la utilidad que era para todos, incluyéndolo a él, que tenía propiedades en la comarca, de reunirse en un punto y formar un pueblo para luego solicitar título al Rey y poder gobernarse por sí mismos.


No se ha podido precisar el día y el mes del nacimiento del luego marqués de Guisa, solo se sabe que nació en Bayamo en 1700 y que era el primogénito del matrimonio formado por don Bartolomé Luis de Silva y Ferral Tamayo y doña Ana María Ramírez de Arellano y Santiésteban, ambos naturales de San Salvador de Bayamo y gente de grandes propiedades. Los Silva eran ganaderos y productores de azúcar: dueños, entre otras extensas propiedades, del hato de Aguarás.


Obviamente que el hijo de tan grandes potentados hizo estudios superiores, primero en La Habana donde se hizo Bachiller en Leyes y posteriormente en España donde obtuvo el título de Abogado.



Una vez que el joven y riquísimo heredero regresa a Bayamo escoge mujer para hacer familia: se casa con otra rica heredera: Doña Ángela de Aguilera y Tamayo y con ella tiene una hija a la que nombraron Francisca Antonia del Rosario.


Es por entonces cuando muere el padre de don José Antonio de Silva, y este, el hijo mayor, hereda el título de Regidor Perpetuo y varios sitios del Hato de Aguarás. Luego él hace compras a su propia madre, consiguiendo con ellas hacerse dueño de la enorme hacienda de Santa Bárbara, ubicada cerca de Bayamo y a la que convierte en una finca para la cría de ganado vacuno de raza. (Es todo lo anterior lo que proyectan al futuro Marqués de Guisa como un hombre prominente dentro de la prominente oligarquía bayamesa). Y, además, como era costumbre entre los potentados bayameses, su participación activa en el contrabando, o sea, que vendió y compró a los corsarios y piratas que llegaban a las costas de Bayamo: carne y cuero de reses, y también tabaco y maderas preciosas a cambio de esclavos.


Entonces, repentinamente muere su primera esposa, don José Antonio de Silva se casa con una prima de aquella: Doña Antonia Tamayo y Aguilera, con quien tuvo un hijo: Juan de Paula.


…..


Como Regidor de Bayamo que era, don José Antonio de Silva ocupaba el cargo de Subdelegado de Marina y en 1730 salió electo Alcalde Ordinario de la jurisdicción[1].


En 1746, asume como Gobernador de Oriente el coronel de los Reales Ejércitos, don Alonso de Arcos y Moreno, quien era un amigo cercano de don José Antonio de Silva. Al año siguiente Silva vuelve a resultar electo Alcalde Ordinario[2] de Bayamo.


Aunque nos apartemos por varios párrafos de la biografía del marqués es precisa la siguiente disgregación para hablar del cargo de Teniente Gobernador. Este era un funcionario seleccionado por el Rey que tenía la misión de bajarle los sumos y obligar a los vecinos a cumplir las disposiciones reales. (Los Alcaldes eran elegidos entre los vecinos, por tanto ellos se beneficiaban con no cumplir las órdenes del rey, por eso la necesidad de un Teniente Gobernador).


Bayamo siempre fue una ciudad con alto grado de autonomía, esto es, que se mandaba por sí acatando pero no cumpliendo casi ninguna orden ni del Gobernador Provincial, ni del Capitán General ni del Rey. Incluso, hubo una vez en que se envió a Bayamo a un alto funcionario del Gobierno para obligar a los vecinos a cumplir con la orden de que no comerciaran más con los corsarios y piratas y un Regidor del cabildo bayamés acuchilló al enviado.


Por eso es que el Gobernador Provincial, Arcos y Moreno, inmediatamente nombrado en el cargo, comenzó las gestiones para nombrar un Teniente Gobernador para Bayamo. Y cuando lo supieron los bayameses estuvieron inconformes, como era su costumbre, incluyéndose entre ellos al propio José Antonio de Silva, que, abogado como era, promovió muchas acciones para conseguir que el Rey no diera el visto bueno a un jefe superior mandando en la ciudad, que seguramente, lo primero que haría era prohibir el comercio de contrabando. No obstante, Arcos y Moreno puso el Teniente Gobernador. Al principio los bayameses se negaron a ir a saludar al nuevo gobernante, pero finalmente tuvieron que aceptarlo.


Quizás esto ya narrado fue lo que llevó a don José Antonio de Silva a un nuevo plan: Crear un pueblo en las tierras sin dueños o realengas que había alrededor de la bahía de Nipe. (Por allí no había jefe español alguno que prohibiera el comercio de contrabando...) Pero para conseguir aquellas tierras tenía que tener el visto bueno del Gobierno de Bayamo, que era quien mandaba en la zona y él, que estaba adentro del Cabildo sabía que Bayamo no consentiría desprenderse de Nipe. Por eso la idea de apoyar un viejo plan de su padre: Conseguir que a Holguín le dieran título de ciudad y entonces gestionar con el nuevo Cabildo aquellas tierras.


Entonces José Antonio de Silva y Ramírez de Arellano se convierte en defensor de la idea de que el Rey diera título a Holguín sin importar si era el de ciudad, villa o pueblo, a despecho de sus vecinos bayameses.


El Gobernador de la provincia, Arcos y Moreno, también apoyaba el nombramiento de Holguín, porque si Bayamo perdía aquellas inmensas extensiones de su terreno, sería más fácil domeñar a los orgullosos oligarcas de allí y por eso el Gobernador siempre trató y tuvo de su parte al rico ganadero don José Antonio de Silva: hombre clave en la región del Cauto.


Y cuando finalmente el rey Fernando VI firma la orden real que le da derecho a Holguín a tener gobierno independiente de Bayamo, el Gobernador Arcos y Moreno viaja a esta y trae con él a don José Antonio de Silva, a quien nombra Teniente Gobernador de Holguín, por lo que el abogado bayamés se convierte en el primer gobernante del nuevo municipio.


……


Al principio el doctor Silva no quiso aceptar el cargo que Arcos y Moreno le ofrecía en Holguín, dice en una carta,  porque ello perjudicaría sus intereses al tener que dejar su casa en Bayamo... Pero Arcos y Moreno lo convenció.


……


Una vez al frente del gobierno de Holguín, Arcos y Moreno vuelve su viejo plan de fundar un pueblo en la Bahía de Nipe; si lo conseguía podría comerciar cuanto quisiera con los corsarios y piratas sin que nadie lo molestara, pero, además, podría solicitar un título nobiliario, pues las leyes españolas decían que quien fundara un pueblo con su propio dinero podría ser marqués.


Nada más un mes después de ser el Teniente Gobernador de Holguín, el doctor Silva envió al Capitán General de la Isla un plano de la zona de Nipe y los argumentos centrales para que le aprobaran aquellas tierras como propiedad suyas. Pero el Capitán General no le respondió porque éste tenía intereses particulares con Nipe. Entonces el doctor Silva escribió al mismísimo rey.


Sin embargo, se sabe que los reyes no responden toda la correspondencia que reciben... Tres años después de la carta al rey, José Antonio de Silva le pide a su amigo Arcos y Moreno, Gobernador de Oriente, que interceda por él ante el rey y el Gobernador lo hace, pero el Consejo de Indias no le dio curso a la petición argumentando que “no convenía al real oficio”[3].


Para entonces decidido como estaba a fundar un pueblo para después solicitar título nobiliario, Silva decidió que si no era en Nipe sería en cualquier otra parte.


Al lado de su hacienda Santa Bárbara, ubicada en las cercanías de Bayamo, había otras tierras realengas o sin dueño, que el doctor Silva quiso para en ellas fundar el “dichoso pueblo que lo haría marqués”: por eso pidió al cabildo de Bayamo que le vendiera aquellas que se nombraban Guisa. Se las vendieron y entonces Silva pidió que lo liberaran del cargo de Teniente Gobernador de Holguín. Cuando ya no fue más el teniente Gobernador de Holguín, Silva regresó a Bayamo y decidió comprar una de las más hermosas casas de aquella villa y vivir en aquella mansión, como correspondía a quien aspiraba a ser un noble de España. (La casa que el doctor Silva compró fue la de un tío suyo, que estaba situada a escasos metros de la Iglesia Parroquial de Bayamo).

Guisa, Granma, Cuba
Actual pueblo de San José de Guisa.

Desde su casona señorial el Dr. Silva se dio a la tarea de crear pueblo en Guisa. Y cuando lo hizo buscó a sus amigos poderosos para que le apoyaran en sus planes. Estos escribieron muchas cartas al Rey en las que mucho se dice de la trayectoria del aspirante; entre ellas dice que en los cinco años durante los que Silva fue Teniente Gobernador de Holguín nunca quiso cobrar los mil pesos anuales que le correspondían como salario y además, lo recalcan como argumento de peso, que el padre del doctor Silva reunió a los holguineros que estaban dispersos y los llevó a fundar un pueblo en Holguín, pero que aquel nunca solicitó el título de nobleza al que pudo aspirar por aquel acto. Y dicen, además, que el doctor Silva era un hombre desinteresado que invertía su caudal en el fomento de las nuevas fundaciones.


Finalmente el 28 de noviembre de 1760, Silva envía la solicitud oficial de que le otorguen título de marqués. Ahora lo que seguía era esperar, pero el doctor Silva no tenía calma. Dos semanas después de haber enviado su carta salió rumbo a España para hacer las gestiones personalmente.


No habían trascurrido más de dos meses de la llegada del doctor Silva a la corte cuando ya el rey autorizaba al Consejo de Indias que iniciara los trámites correspondientes para otorgarle el título de Marqués de Guisa. Lógicamente para eso el aspirante tendría que pagar mucho dinero y luego someterse a las inspecciones que verificarían si verdaderamente se había construido el pueblo: Pueblo que tendría que tener, como mínimo, 30 casas y, sobre todo, una iglesia.


A decir verdad, el doctor Silva había hecho algunas casitas en Guisa pero nada más, realmente aquello no merecía el título de pueblo.


Probablemente por eso es que el casi marqués se apresura a regresar a Cuba para terminar lo que tiene que terminar antes de la inspección, pero antes de ir a Bayamo deberá por La Habana para otras gestiones iguales de importantes. De ahí que no baje en Nipe cuando el barco pasa por allí, sino que sigue viaje. Silva y Ramírez de Arellano estaba en la capital de Cuba cuando los ingleses atacan y toman La Habana.


Antes, cuando fue nombrado Teniente Gobernador de Holguín, el doctor Silva recibió los grados de capitán de milicias y ahora a todos los habitantes de La Habana se les llamaba para la defensa. El capitán de milicias José Antonio de Silva y Ramírez de Arellano marchó a ocupar su puesto, que fue uno de los más peligrosos en la batalla, más, de nada valió el arrojo del bayamés y de otros como él. Los ingleses tomaron la ciudad. Inmediatamente Silva se embarcó con el ánimo de volver a Bayamo, pero cuando el barco venía por Punta de Camayagua, un lugar que está en la costa sur de Camagüey, los alcanzó una tormenta que los hizo zozobrar. El casi marqués perdió diez mil pesos oro que llevaba consigo para los gastos del viaje.


Pero, parece, que diez mil pesos oro no eran una gran pérdida para el doctor Silva. Pérdida, lo que se dice pérdida, eran los 63 años vividos: ya no era un niño y su salud comenzaba a resentirse y sin embargo, a pesar de la aprobación del rey, los trámites burocráticos demoraban mucho, sin importar que por su destacada actuación en la defensa de La Habana, que al regresar a Bayamo, había sido ascendido por el Gobernador de Oriente al grado de Coronel de Milicias de Holguín y Jiguaní.


…….


Transcurrieron dos largos años desde la solicitud del título y todavía no llegaban ni la inspección a Guisa ni ninguna carta desde España. Por eso es que el doctor Silva acude al Gobernador provincial reclamándole que enviara una persona competente para que hiciera la inspección.


Tres meses después y el Gobernador Provincial tampoco respondía. El doctor Silva le escribió al Capitán General de la Isla y aquel comisionó al Teniente Gobernador de Bayamo para que hiciera la “dichosa” inspección.


Al parecer el informe del Teniente Gobernador de Bayamo rindió frutos. El rey escribió al Gobernador Provincial y le pidió que diera aprobación al doctor Silva para que siguiera sus trámites. Trámites que le costarían otros diez mil pesos oro. Pagó Silva el dinero. Ahora nada más hacía falta que el Obispo diera licencia para construir la iglesia. Pero el Obispo, que entonces lo era el conocido Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, se negó a autorizar la construcción[4]. Sin dudarlo, ese era otro gran escollo a resolver: Sin iglesia no habría pueblo y sin pueblo no se haría efectivo el nombramiento.


A pesar de la oposición del Obispo, el doctor Silva continuó sus planes y fabricó la iglesia y el 16 de agosto de 1765 el Gobernador de Oriente, que para entonces lo era el Brigadier Fernando Cagigal de la Vega, Marqués de Casa-Cagigal, en compañía de su asesor general y de un agrimensor visitaron Guisa y levantaron acta en la que se recogía que el pueblo cumplía con todos los requisitos, lo que quiere decir que Silva había cumplido con lo exigido por la ley para la fundación de San José de Guisa. Pero, insisto, no habría pueblo hasta que el Obispo Morell de Santa Cruz aceptara y aprobara la iglesia.


Se intercambiaron varias cartas entre el doctor Silva, que para entonces tenía 65 años, y el Obispo. El Obispo escribió al rey diciéndole que aquello que se decía era un pueblo de 30 casas habitadas no lo era tal, que las casas estaban construidas de materiales muy precarios y que los vecinos eran los propios trabajadores de Silva, que él los había obligado a ir a vivir allí, y que cada vez que un vecino decidía irse, el doctor Silva tenía que salir con sus monteadores a buscar gente que fuera a vivir al pueblo y que no dudaba él que los cazaran a lazo y los obligaran a mudarse.


El doctor Silva le escribe al Obispo y le dice que es verdad que las casas están hechas de materiales endebles, pero no así la iglesia, que es de mampostería. Sin embargo el Obispo continúa en sus trece.


Pero el doctor Silva, como se hace evidente, era un hombre muy poderoso que por entonces escribe muchas cartas: al Capitán General de la Isla, al Gobernador de Oriente y al mismo Rey Carlos III.


En abril de 1766 el Rey escribe al Obispo criticándolo por su resistencia en relación a la petición del doctor Silva, y también al Gobernador de Oriente pidiéndole que le rinda un informe sobre la situación real del pueblo de Guisa.


Sin embargo pasan cinco meses y el Gobernador no responde a Su Majestad, por lo que éste le escribe al Capitán General y le dice que quiere esos informes con urgencia.


El Capitán General le escribe al Gobernador de Oriente y este visita una vez más Guisa. El informe es favorable al doctor Silva. Entonces el rey insiste con el Obispo y dice que escribirá él al Papa, para que sea Su Santidad quien dé esa aprobación. Finalmente el Obispo accede aunque de mala gana.


…..


Entre una y otra gestión burocrática, el doctor Silva demoró 15 años para tener título nobiliario, pero al final llegó el 15 de mayo de 1774, fecha en la que ya había cumplido sus primeros 74 años de edad. Ese día el Rey firmó la siguiente carta: “La calidad y circunstancia de vos don José Antonio de Silva, coronel de milicias de la Isla de Cuba, y del particular mérito que habéis contraído en la Fundación y Poblamiento del nombrado Guisa en la enunciada Isla y todo a vuestra costa y propio caudal, por decreto señalado de mi real mano, he venido a haceros merecedor del título de Castilla para vos, vuestros hijos y herederos y sucesores. Por tanto y porque habéis elegido la denominación de Marqués de Guisa, mi voluntad es que para siempre os podáis llamaros y titular MARQUES DE GUISA”.


Había que pagar para recibir el título: al doctor Silva le costó 3 mil 750 maravedíes de oro. Pero ser marqués del pueblo le daba todas las prerrogativas de un señor feudal: Serían él y sus herederos quienes seleccionarían a quienes gobernarían, nunca el pueblo tendría un teniente gobernador porque en aquellas tierras ya no mandaba el rey, sino el señor marqués. Y asimismo, todos tendrían que pagarle, siempre y para siempre, por vivir en Guisa y tendrían que pagarle también los que cruzaban por los caminos.

……


Finalmente una curiosidad, el primer marqués de Guisa solo lo fue por cuatro meses y once días. Después de ese tiempo el señor marqués, de 74 años de su edad, renunció al título y se lo legó a su hija doña Francisca Antonia del Rosario de Silva y Aguilera, y cinco años después murió.


Su hija, la señora marquesa, murió poco después sin dejar hijos, por que el título pasó a manos de su esposo, que lo ostentó unos pocos años, hasta que murió él también y entonces comenzó la primera guerra de independencia de Cuba que duró diez años. El marquesado quedó vacante y luego, a pesar de los muchos pleitos judiciales por obtenerlo, nunca volvió a manos de nadie.



(El marquesado de Guisa fue una maldición que solo trajo discusiones y muertes).






[1] Téngase en cuenta la fecha: para entonces ya existía el pueblo de Holguín que había creado el padre de José Antonio de Silva, pero todavía éste era gobernado desde Bayamo. 
[2] La alcaldía se obtenía por votación de los regidores y se ostentaba por un año. 
[3] Lo que hacía bueno a Nipe para Silva es lo que lo hacía malo para el rey: que el pueblo a crearse estaría en lugar tan apartado y por ende lo más lógico era que allí ocurriera es que se iniciara trasiego de mercancías con corsarios y piratas: Eso no le convenía al rey que aspiraba a que todos los productos de Cuba fueran a parar a sus arcas. 
[4] No es posible saber por qué el Obispo Morell de Santa Cruz se negaba a autorizar la construcción de la iglesia, aunque al parecer fue porque si el doctor Silva era nombrado Marqués sería señor feudal de Guisa y por tanto podría él seleccionar al cura que quisiera sin que el Obispo pudiera hacer nada.