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19 de noviembre de 2009

Delfín Prats: Yo tengo un mal karma*

Por Leandro Estupiñán

La casa de Delfín Prats es ruidosa, penúltimo sitio en el cual se refugiaría un poeta. Construcción moderna de cemento y placa con el interior pintado de azul, enlosado el suelo, enrejadas puertas y ventanas, de pequeño espacio, escueta. 

Pocos muebles utilizables dentro: tres sillas de bagazo y un sillón defectuoso. Desde el otro lado de la pared, en su cuarto-cocina, asoma una cama de hierro. Lo demás no logra verse pero él lo ha dicho: “Tengo un radio junto a la cama.” Y posee más, una bicicleta cubana, una hornilla eléctrica criolla, y un gato. Libros no tiene; ni siquiera los suyos. 

Su casa se encuentra en una esquina del reparto Pueblo Nuevo de Holguín. De las calles que la limitan la más ruidosas es la de al lado, y eso a Delfín lo fastidia muchísimo: “El problema es que hay mucho ruido”, se queja. “A mi molesta mucho vivir frente al ruido porque no puedo ni leer ni escuchar música”. 

Oyéndole, uno empieza a entender lo que de él se dice: extraño, escurridizo, humilde. ¿Por eso prefiere el campo? -“Es un problema rusoniano, no de ruso, si no de Rousseau. Es mi necesidad de buscar paz, sosiego. Me gusta la naturaleza. En un lugar donde no haya ruido disfruto más la lectura, quizás hasta se me ocurre una idea para escribir.” Y hace mucho tiempo que no escribe. Tanto silencio por parte del poeta ha dejado una traza de inquietudes a lo largo de este país. Unos se preguntan: ¿Se habrá muerto?, y el poeta duda pensativo: “¡Se habrá muerto!”. Otros quieren saber: ¿Se habrá ido del país?, y aún más pensativo, subraya: “¡Sí señor! Se habrá ido del país.” 

Equívocos como en un vodevil. Si allí está, o por ahí va, o aquí estuvo. Lo más fácil del difícil mundo de Delfín Prats es encontrarle, verle, hablarle en los últimos tiempos. “Ahora mismo estoy tratando de empezar a trabajar en la promotora literaria Pedro Ortiz. Intento realizar una labor más relacionada con la literatura.”, afirma. Uno duda, ¿cómo es posible que un poeta como él se haya apartado de las palabras, de la creación? -“Yo a veces quisiera estar escribiendo porque sería una válvula de escape; pero…tengo mucho miedo. Como considero logrados algunos de mis poemas, de pronto empezar a escribir… y que eso que escriba no quede al nivel de lo logrado. No quisiera escribir dentro de una retórica, tampoco volver a repetir mis viejos aciertos.” -“En los últimos años no he producido ningún libro, pero vamos a confiar que en el futuro sí se produzca algo.”, confiesa… 

Delfín Prats manifiesta simpatía por la obra de Gastón Baquero. ¿Coincidieron en alguna ocasión? -“Durante el encuentro de poesía La Isla entera coordinado por el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. Era un momento en el cual estaban presentes Pablo Armando, César, Heberto, Gastón Baquero. Todo el mundo presentó una ponencia en esa reunión, que fue poética sobre todas las cosas. Entonces coincidí con Gastón en un estanquillo de revistas. Iba con Reina Maria Rodríguez en un auto, que manejaba un amigo de ella cuando dijeron ellos: Mira a Gastón. Estaba en un estanquillo de revista. Bajé para despedirme. Le dije: Maestro, ya me voy; y él me compró el diario El país y me lo regaló. No tuve una larga conversaciones con él, debí haber aprovechado el momento, pero no soy periodista…” Su admiración por Gastón Baquero le hace decir más: “Gastón se quedó sin grandes premios.” “Gastón merecía el Cervantes. Dulce Maria también era merecedora del premio porque hay una trayectoria en Dulce Maria interesante, la vida que vivió, el hecho de representar algo así como el país.” 

Otro de los momentos, junto con aquella publicación de Lenguaje de mudos, más controversiales en la vida de Delfín Prats se relaciona precisamente con un antiguo amigo, el escritor holguinero Reinaldo Arenas. Arenas convirtió a Prats en personaje de alguna de sus obras, entre ellas, quizás la de mayor renombre, sus memorias, Antes que anochezca. -“Amigo es una noción excesiva cuando se habla de Arenas, sabido es que rechazaba el amor y la amistad, se jactaba de utilizar a las personas tanto para fines literarios como extraliterarios. El personaje que crea Arenas es exagerado si se compara con el muchacho que yo fui. Un muchacho mucho más inocente, mucho más ingenuo que el personaje de ficción. No es que quiera defenderme ahora, pero yo era un romántico, uno que ballaguianamente se paseaba «con el ombligo al viento» por playas y tugurios. Reinaldo es un gran fabulador y entonces, a partir de los elementos más triviales construía una cosa novelesca. Las peripecias que me atribuyó fueron tremendas. En su escritura todo está hiperbolizado. Esa es la gran virtud del libro que has citado. Como testimonio su escritura falla, como literatura de ficción no. ¡Cómo supo ficcionar todos aquellos años! Aquellos viajes en tren, donde hay cierta dosis de verdad. Es cierto que nosotros cogimos más de una vez el tren aquel en el que ibas de pie entre un tumulto de seres más que generosos, pero en ese tren no se podían hacer aquellas cosas que describe, delante de todo el mundo. Por mucho que uno quisiera, aunque tuvieses el partenaire disponible, no podía. He leído el libro muchas veces y me entretengo muchísimo.”
 
*Fragmento de la entrevista publicada en la revista cubana La gaceta de Cuba. No 3. Mayo-junio. 2006 Fotos: Kaloian Santos Cabrera