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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

24 de septiembre de 2009

El asesinato del año en Holguín (1845)



Por César Hidalgo Torres

Un horrendo crimen se cometió en esta ciudad de Holguín en la noche del 11 de junio de 1845. El muerto fue don Cirilo Alcalá, un prestigioso vecino al que muchos odiaban y que querían ver a varios metros bajo tierra. Se dedicaba el personaje a hacer préstamos, por lo que en su propiedad tenía muchos comprometedores pagarés. Parece que los deudores, todos, prestigiosos vecinos, pusiéronse de acuerdo para pagar al asesino.



El asesino fue Isidoro Hernández, un preso recluido en la cárcel pública de donde sus clientes lo sacaron para que cumpliera la parte que le correspondía. Y para mayor comodidad del criminal, el prestamista vivía a una cuadra de distancia de la penitenciaría (exactamente en las que ahora se nombran calle Mártires esquina a Aricochea).

Cumplido su propósito Isidoro Hernández regresó a la cárcel con toda la ropa enrojecida por la sangre de la víctima. A sus compañeros de galera díjoles que lo habían llevado a degollar un carnero, pero los demás presos habían escuchado los gritos del difunto y lo acusaron a las autoridades.

Dos años demoró el Teniente Gobernador en reunir la información que necesitaba para dictar sentencia. Pero el 20 de junio de 1847 Su Señoría había arribado a una decisión: El asesino debía morir en garrote vil con un letrero en el pecho que dijera ASESINO. Más, no pudo realizarse la condena porque Isidoro Hernández falleció en la cárcel envenenado, se supone, por las personas implicadas.

Igual, a dos años de prisión fue condenado Luis María, picapleitos y falsificador que varias veces había sido juzgado por sus faltas e incluso, hasta había sido expulsado de la ciudad. Y a dos años también a Francisco popa del que no tengo otra información. A Diego Parra lo condenaron a seis meses de presidio por falsas declaraciones y al Alcalde de la cárcel, don Rafael Cedeño a pagar una multa de 300 pesos o seis meses de reclusión por haber permitido la salida del preso.

Al sargento Marcos Núñez, quien la noche del crimen fungía como Comandante de Guardia de la prisión lo entregaron a sus superiores del Regimiento Galicia para que lo juzgaran.

Por su parte, el abogado José Joaquín de Quesada fue castigado a 6 meses de prisión por sus ilegales consultas y al Alcalde del Cabildo José Gordillo y a los escribanos Pedro Rodríguez y Antonio de la Fuentes, todos endeudados con el difunto, debieron pagar altas multas por las irregularidades que cometieron en el sumario (tratando de evitar ojos y oídos sobre ellos).

Hasta los testigos que concurrieron al juicio los multaron al pago de 100 pesos por las continuas y evidentes declaraciones falsas.

Y cuando ya se creía que nadie más sería culpado, el dedo acusador señaló, nada menos, que al cura párroco de Holguín, don José Angel de Fuentes.

El licenciado Quintín Aguilera, ilustre entre los hijos ilustres de esta ciudad donde hay una calle que lleva el nombre Hermanos Aguilera entre los que Quintín era de los más reconocidos, también estuvo implicado en el asesinato. Lo sancionaron a 6 años de prisión pero pudo escapar de la Isla.

Todos los cronistas coinciden que aquel fue el asesinato del año.