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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

15 de enero de 2010

Narración donde se cuenta el intento del robo de la mitra de oro de San Isidoro

Se asegura que, en la visita que hiciera a Holguín, en 1752, el Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos Españoles, don Alonso de Arcos y Moreno, en ocasión de otorgarle su Majestad el título de Ciudad y, para la creación del Cabildo, siguiendo la costumbre de la época, dejó como ofrenda valiosa una mitra de oro, dedicada uno de los Patronos de la ciudad, la que le fue colocada en solemne ceremonia religiosa.




Cuenta la leyenda que ese año llegó a la ciudad un individuo nombrado Francisco Caro, al que la costumbre de los vecinos llamaba El gaditano porque labraba las tierras del hacendado don José Salvador Cisneros, que era natural de Cádiz, Andalucía y que, asimismo, era pariente de don Lorenzo Castellano Cisneros, Escribano Público del recien creado Ayuntamiento de Holguín.



No tardó mucho El gaditano en demostrar que era un bandolero. Para robarle unos centenes y unas onzas, mató a su amo y luego se dedicó a atacar a cuanto ser viviente hubiese en los antiguos feudos del Bayamo.



Cuando El Gaditano se enteró de la mitra de oro colocada a San Isidoro, preparó un asalto a la Iglesia Parroquial. Para ello, el 22 de enero de 1752, exactamente en horas de la noche, le dio muerte a dos guardias municipales que encontró a su paso y luego consiguió que le abrieran la puerta de la sacristía, donde amordazó y amarró al sacristán y párroco. Acto seguido entró en la iglesia donde encontró la mitra de oro sobre la cabeza de la imagen del santo.



Ya la va a tomar cuando, ¡oh, milagro!, el rostro de San Isidoro se transforma en la cara de uno de los guardias municipales asesinados poco antes. Al ver tal cosa, El Gaditano cae desmayado al suelo…





Al amanecer, cuando llegan los primeros feligreses allí encuentran al asesino a quien tratan de reanimar sin saber quién es. Cuando El Gaditano recobra el conocimiento cuenta lo sucedido y pide los auxilios de un confesor. Liberan al sacristán don Cristóbal Rodríguez, que había pasado buena parte de la noche amarrado y amordazado. El sacerdote confiesa al bandido y lo reconcilia con Dios.


Un mes después, el 27 de febrero de 1752, El Gaditano subió a la horca en San Salvador de Bayamo, pagando de esa forma por los muchos crímenes y pillajes que había cometido.




Esta leyenda fue escrita por Juan Rafael Albanés peña y aparece recogida en el libro inédito del Dr. Oscar Albanés Carballo, “Narraciones”, exactamente en el capítulo “Tradiciones Holguineras”, p. 369 y rememora el momento en que Holguín recibió el título de Ciudad por el Gobernador de Santiago de Cuba don Alonso de Arcos y Moreno, el 18 de enero de 1752.


Juan Albanés Martínez, nieto de Juan Rafael reescribió la leyenda y la tituló “La Imagen de San Isidoro”, siendo su versión mucho más rica literariamente. Esa versión aparece en el libro “Conozca Holguín Actual”, publicado en Holguín en 1947.

Aldea Cotidiana la toma el libro: “Pasajes Holguineros”, publicado en 2010 por Angela Peña Obregón y María Julia Guerra.